INSÓLITO

Ese derecho que se le ha negado a la Reina Letizia a medias y por el que ya no puede reclamar

Lamentablemente y aunque quisiera, la Monarca no tiene ni siquiera posibilidad alguna para quejarse.
jueves, 2 de diciembre de 2021 · 02:15

Durante las últimas semanas, hemos podido apreciar los últimos actos protocolares en los que la Reina Letizia ha participado y  destacado en sobriedad y elegancia, gracias a la reaparición de las imponentes joyas del joyero real que, por supuesto, forman parte indiscutible del legado de las reinas y consortes que forman parte de la orgullosa historia de España.

Porque el poder de las monarquías no incide precisamente en su vasto territorio, en sus colonias o historias de conquista que deslumbran a los historiadores, sino que también radica en su riqueza material. De allí la importancia de estas delicadas piezas de orfebrería con carácter invaluable, a las que la Reina Letizia debería poder acceder en toda su totalidad, y decimos "debería", porque hay joyas a las que aún, cuando su investidura se lo permite, no tiene acceso.

La Reina Letizia con la hermosa y más representativa joya de la colección real, la tiara de Lis.

Con este conglomerado de pedrería y brillo, ocurren dos temas determinantes. Algunas de las más valiosas forman parte de la colección privada de la Reina Sofía. Si la Monarca actual quisiera lucir alguna prenda, debe consultarle con antelación a su suegra y, tomando en cuenta la naturaleza apacible de la reina emérita, no tendría mayor problema en ayudarle con alguna petición para eventos formales, galas y viajes de Estado.

Por otra parte, hay algunas de estas enigmáticas joyas a las que la Reina Letizia simplemente no accederá jamás, sencillamente porque ya no forman parte de la colección de joyas de pasar.

Algunas de las joyas más hermosas de la corona española están en poder de la Reina Sofía, de ella depende que la Reina Letizia las use.

Es cierto que, hace algunos siglos, la corona española llegó a ostentar una impresionante colección de joyas de la que se habló por toda Europa, desde los tiempos de la Reina Victoria Eugenia en el siglo antepasado, quien inventó el término "joyas de pasar", de carácter privado y de venta a discreción, para separarlas de los tesoros reales. Bajo su dominio, pudo hacerse con las alhajas más hermosas jamás vistas, pero muchas de ellas desaparecieron por medio de ventas forzosas, saqueos y exilios forzados, sufridos en los respectivos reinados de sus predecesoras.

Sin embargo, algunas piezas se han recuperado. Se conoce que el último Rey que se encargó de estás gestiones fue el suegro de la Reina Letizia, el Emérito Juan Carlos, quien recuperó la famosas tiaras Cartier y la Rusa para la Reina Sofía, intentó hacer otras ofertas a varias de las damas de su familia, caso puntual el de su hermana, la desaparecida y recordada Doña Pilar y sus hijas, pero no pudo concretar otras negociaciones por falta de interés de sus allegadas, más interesadas en conservar para ellas el legado de sus parientes.

La Reina Letizia con la perla "La Peregrina".

.Pero una de las que sí puede hacer uso la Reina Letizia es de la hermosísima perla "La Peregrina". Esta belleza en forma de lágrima que pende sobre un sorprendente broche de brillantes data del siglo XVI y prácticamente no hubo reina española que no la luciera. Sin embargo, la perla  desapareció tras el saqueo que sufrió el joyero real por parte de Jorge Bonaparte.

Reapareció para ser subastada en Inglaterra pero la Corona española no pudo recuperarla, pues cayó en manos de la legendaria actriz norteamericana Elizabeth Taylor luego de que su esposo Richard Burton la adquiriera por unos 37 mil dólares. El Rey Alfonso XIII, al no pagar semejante cantidad, se dice que adquirió una similar por menor valor, pero le hizo creer a la Reina Victoria Eugenia que era la piedra de orígen, y cuando Elizabeth Taylor lució la enigmática perla, la exsoberana defendió contra viento y marea que era suya la versión original, cosa que, al parecer, nunca se sabrá del todo, pero es ahora la Reina Letizia quien puede lucirla en todo su esplendor.

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