Lazos irreparables

Rocío Carrasco describe cuál fue el peor miedo de su hija cuando se separó de Antonio David

En esta triste historia no hay vencedores ni vencidos.
jueves, 8 de abril de 2021 · 11:51

El documental “Rocío. Contar la verdad para seguir viva” sigue abriendo nuevas puertas hacia un pasado que, como mínimo, podemos catalogar de triste y doloroso. No solo para los principales involucrados, en este caso Rocío Carrasco y Antonio David, Flores, sino también para sus hijos.

Rocío Carrasco obtuvo lo que tanto quería: decir su verdad. Una verdad que, por supuesto, está atravesada desde su vivencia y su punto de vista. Esto no quita que los hechos de violencia que la hija de Rocío Jurado detalla con tanta precisión, no sean tomados con la seriedad que merecen.

Allí hubo violencia ejercida de un hombre hacia una mujer y, en medio de un contexto de repregunta y cambios, es imposible que eso pase desapercibido. Sin embargo, más allá del hecho  puntual, lo único que hasta ahora nos ha dejado la docuserie de Rocío Carrasco es una sensación de tristeza.

Es evidente que en esa familia falta mucho diálogo. Las versiones de un mismo hecho se cruzan entre sí. El campo está dividido entre “buenos” y “malos” y en el medio, las especulaciones y supuestos que tergiversan por completo un hecho que puede ser más simple de lo que imaginamos.

El gran protagonista de la noche de ayer fue Fidel Albiac. La nueva pareja de Rociíto traía muchas incomodidades a Antonio David Flores. Esas sensaciones fueron proyectadas a sus hijos, quienes vivían con miedo de que este extraño les hiciera algo. Pero la propia protagonista dice que:

Fidel con mis hijos era y ha sido una persona que se ha preocupado, que se ha ocupado y que se ha desvivido como si fueran suyos. Y que siempre ha inculcado a esos niños que respetaran y que quisieran a su padre.

Según Carrasco, Antonio David le decía a Rocío Flores que, cuando ellos se dormían, su madre se iba junto a Fidel y los dejaba solos a merced de la oscura noche:

Me parecía una crueldad supina el poder hacer eso con dos niños pequeños, el decirles que su madre se va cuando ellos se duermen y ellos se quedan solos. Ahí es cuando empiezo a notar que las cosas cambian.

Una conversación honesta no bastará para cerrar tantas heridas. Mientras, de este lado, vemos cómo desfilan las interpretaciones de aquí para allá, siendo sencillo para nosotros identificar las falencias de una familia completamente destruida. Pero ¿ellos? ¿serán capaces de asumir sus errores?

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